Tejiendo patrimonio

Ana María Larcher

martes, 31 de marzo de 2020  |   

El caso de los telares de Atamisqui


La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial aprobada en el año 2003 por la Asamblea General de la UNESCO es un instrumento efectivo para los Estados participantes para reconocer, valorar y fortalecer los diversos elementos culturales que constituyen el patrimonio inmaterial para las comunidades que lo hacen sostenible, reconociendo «la importancia que tiene el patrimonio cultural inmaterial como crisol de diversidad cultural y garante de desarrollo sostenible».

La Agenda para el Desarrollo Sostenible de 2030 contiene un Plan de Acción abordando tres dimensiones interrelacionadas: económica, social y ambiental. El patrimonio inmaterial puede contribuir al desarrollo sostenible en las tres, por lo que es fundamental la identificación y el relevamiento de las manifestaciones culturales de las comunidades como acciones para su salvaguarda.

El patrimonio inmaterial se manifiesta en distintos ámbitos, entre los cuales se encuentran las técnicas artesanales tradicionales. Los sistemas de transmisión del conocimiento de generación en generación desempeñan un importante papel para que las comunidades alcancen un desarrollo social inclusivo.

Poncho de guarda atada, realizado por las hermanas Quiroga. Foto: Ana Larcher.Los telares de Atamisqui
Una medida necesaria para garantizar la salvaguarda del patrimonio inmaterial presente en un territorio es identificar y definir los distintos elementos de este acervo. El programa de relevamiento de patrimonio inmaterial «Telares de Atamisqui» llevado a cabo en Villa Atamisqui en la provincia de Santiago del Estero puede ser un claro ejemplo para vincular el patrimonio inmaterial y la sostenibilidad.

Se comenzó con una investigación localizando a las mujeres artesanas del tejido en telar dedicadas a este oficio. El estudio específico se hizo en la villa en donde se encuentra la cooperativa de trabajo artesanal «Teleras Atamisqueñas». El plan permitió visibilizar a las mujeres teleras que mantienen el conocimiento transmitido de generación en generación.

En este trabajo de relevamiento se detecta la conexión de las tres dimensiones del Plan de Acción para el Desarrollo Sostenible 2030:

  • Sostenibilidad medio ambiental. Esta dimensión está presente en el hábitat de trabajo de cada telera. La construcción del telar se realiza con madera de la naturaleza propia del lugar, utilizando recursos naturales de la biodiversidad nativa. También las técnicas de teñido con tintes naturales representan un conjunto de saberes ecológicos tradicionales. 
    Estos conocimientos permiten la gestión sostenible de los recursos y contribuyen a que conserven su medio ambiente, pues saben que parte de su bienestar depende de la naturaleza.

  • Desarrollo social inclusivo. El arte en telar en las distintas partes del proceso implica reuniones entre madres, hijas y parientes para hilar, ovillar, teñir, urdir y tejer. Este encuentro es una parte del proceso social que implica una circulación de conocimientos referidos a las técnicas de tejido de mantas, caminos de mesa, ponchos. 
    Estas prácticas sociales refuerzan vínculos y la cohesión social de las comunidades moldeando la identidad que comparten.

  • Desarrollo económico inclusivo. La identificación de las maestras teleras y sus técnicas de tejido específicas sirvieron para presentarlas a ellas y a sus trabajos a postulaciones a premios nacionales e internacionales y llevarlas a participar en ferias de artesanía tradicional nacionales e internacionales. 
    La artesanía tradicional es fuente de ingreso para estas comunidades: el empleo productivo y digno junto al uso eficiente de los recursos es necesario para que las personas participen de la actividad económica. El patrimonio inmaterial es un catalizador del desarrollo económico, colabora en reforzar las economías autóctonas.

El pueblo histórico de Villa Atamisqui
Villa Atamisqui es una localidad ubicada en el interior de la provincia de Santiago del Estero. Tiene aproximadamente 5000 habitantes, y se ubicó en el lugar actual luego de las inundaciones del río Dulce, situado a unos 8 km. La zona que la conforma pertenece al área fundacional no sólo de la provincia de Santiago del Estero sino también de la República Argentina, ya que por estas latitudes hicieron su primera entrada los hombres de la conquista española.

Los habitantes de Villa Atamisqui están atravesados por los acontecimientos históricos, la naturaleza geográfica, la herencia española, los saberes nativos; todas estas características fueron y son el sedimento que dio origen a la creatividad local. Esa identidad se revela en el arte textil antiguo de las teleras, en la convivencia de los artesanos y la naturaleza del monte. El arte en telar constituye así un oficio ancestral. 

La característica principal de la investigación «Telares de Atamisqui» fue la identificación de cada telera en particular, el registro de las diferentes técnicas de tejido que utilizan actualmente y el territorio y el hábitat en donde se establece esta manifestación cultural. 

De este relevamiento son parte las hermanas Quiroga y sus tejidos, a quienes en 2015 tuve el privilegio de proponer para la distinción del CICOP-Ar, institución de la que soy miembro activo; ocasión en la que fueron finalmente distinguidas en la categoría de «Hacedoras del Patrimonio», como especialistas en guarda atada.

El patrimonio inmaterial de las hermanas Quiroga
María, Isolina, Nely y Estela se han dedicado toda su vida al telar, en especial a la técnica del poncho guarda atada. Todas son hijas de Gregoria Santillán y de Adolfo Quiroga, nacidas en la localidad de Pampa Yasta en los alrededores de Villa Atamisqui, donde actualmente residen, en el barrio Mitre. Los padres, dedicados al pastoreo y a la crianza de animales, debieron mudarse por las inundaciones de los bañados en la zona, ya que esto impedía tener el ámbito adecuado para los animales, lo que les significó a las hermanas poder llegar a la escuela primaria sin los inconvenientes de la naturaleza. Todas aprendieron el arte del telar desde niñas: les enseñó su madre Gregoria, quien a su vez lo aprendió de su propia madre Doña Úrsula Rojas. Son todas bilingües naturales, quichuahablantes: es común escucharlas conversar entre ellas en su lengua materna mientras trabajan en el hábitat del telar. 

María, Isolina, Nely y Estela son hermanas que se han dedicado toda su vida al telar, en especial a la técnica del poncho guarda atada. Residen actualmente en el barrio Mitre de Villa Atamisqui. Foto: Ana LarcherNely es la que hoy se encarga de tejer los ponchos guarda atada en lana de alpaca —lana de primera calidad— o bien ponchos en lana natural y teñidos naturales con otras técnicas como la pallada o la técnica indio. Suele comentar que mientras iba a la primaria, durante las vacaciones del mes de julio, tejía para vender, para luego poder comprar los útiles del segundo semestre de la escuela.

Las tareas del tejido se reparten en forma ecuánime: las cuatro hermanas participan de todos los procesos del preparado antes del tejido, tales como hilar, ovillar, lavar, torcer, teñir, urdir. María tiene a su cargo hilar, torcer y ovillar. Nely, en el telar tejiendo. Al terminar la prenda, Isolina se encarga de todas las terminaciones, como costuras y dobladillos, dando los detalles finales. Estela se encarga de la técnica de los flecos en un aparato especial, el peine parado.

Su historia y el contexto hicieron de las hermanas Quiroga las maestras expertas que son hoy en día. Sus tejidos, de excelencia en el arte textil, y su oficio son considerados patrimonio cultural inmaterial.