La obra no tiene género | Entrevista a Guadalupe Herrero

Laura Chertkoff

viernes, 3 de abril de 2020  |   

Para la arquitecta Herrero, directora de obra en el Estudio Urgell-Penedo-Urgell —donde trabajan cerca de 30 mujeres—, el ámbito de obra sigue siendo de varones y, aunque las profesionales ocupan cargos, todavía no logran la valoración necesaria. 

«Estamos empezando a ocupar roles que hasta ahora eran exclusivos de hombres»


Trabaja en el Estudio Urgell-Penedo-Urgell desde que cursaba la materia Diseño II de la carrera en la Universidad de Buenos Aires. En sus comienzos, Guadalupe Herrero resolvía «un poco de todo»: pintar láminas para el primer libro del estudio, hacer maquetas, ordenar el archivo de contactos fotográficos. Hoy es directora de obra de la firma y trabajó, entre otros proyectos, en el nuevo edificio ambulatorio del Hospital Italiano, la nueva sede del Banco Santander y el edificio Dazzler Tower Palermo. Conversamos con ella sobre el desarrollo profesional para varones y mujeres en un mundo que está cambiando.

¿Cómo describís tu rol como directora de obra?

En lo cotidiano, mi trabajo es variado. Por la dinámica misma de una obra, tiende a ser desordenado, lo que obliga a generar rutinas que ayuden a abarcar todos los frentes de atención. La Dirección de Obra está compuesta por el director o la directora de obra y un equipo con roles asignados. Algunos conducen la relación cliente-estudio, otros llevan la relación asesores-contratistas-estudio. Y otros interactúan directamente con la obra en proceso.

¿Cuáles son los pro y los contra de esa posición?

El hecho de estar en la oficina de obra permite interactuar con mucha gente, lo que es un beneficio a la hora de tratar y resolver temas sin demoras, in situ y con todos los interlocutores válidos requeridos. Aunque, tal vez, la contracara de esa moneda es que implica estar disponible para los demás todo el tiempo. De todos modos, es la manera en la que yo entiendo que debe ser.

¿De qué manera se distribuyeron los roles en la obra para el Banco Santander, por ejemplo?

En particular, en la obra del edificio corporativo del Banco Santander se me asignó la coordinación de todas las instalaciones. Por gestarse como un edificio sustentable e innovador, resultó un desafío y un gran aprendizaje. En cuanto a la distribución de tiempo-tarea, abarcó la obra, los planos, las reuniones con especialistas y contratistas, además de la gestión de la documentación y de la comunicación correspondiente de todas las partes.

¿Sentís que la carrera te formó de manera suficiente para el desarrollo de tu profesión?

Cuando ingresé, no tenía mucha idea de cómo iba a ser mi futuro, ni dónde, pero quizás en el imaginario me veía como una profesional independiente. Creo que lo que se aprende en la facultad termina siendo un abanico de lo que puede abarcar la profesión. Luego, es inevitable encontrar la propia forma de aplicación. Yo defiendo el entrenamiento que da trabajar aún en paralelo a la cursada. El poder entrenarse profesionalmente en esa etapa es una herramienta muy valiosa.

¿En qué tareas y en qué contextos se dieron tus trabajos en paralelo a la cursada?

Además de mis inicios haciendo maquetas, también trabajé con un arquitecto independiente como colaboradora, básicamente en temas de documentación de proyecto. Como trabajé durante toda la carrera, tuve que cambiarme al turno noche. Pero nunca abandoné ninguna de las dos cosas.

¿Cuál es tu relación con el CPAU en la actualidad? 

Estoy matriculada pero no participo con frecuencia en actividades. Lo que más me vincula, quizás, es que eventualmente suelo consultar por mail o por teléfono pidiendo algún asesoramiento.

¿Qué «consejos» le pedís al Consejo?

Mi acercamiento es bastante puntual: cuando tengo dudas sobre temas reglamentarios o de interpretación del Código. Y, en general, es por teléfono o correo electrónico.

En el estudio trabajan en la actualidad más de treinta arquitectas. ¿Cambió el rol de las mujeres en los últimos años?

Creo que lo que pasa en el estudio es lo que está sucediendo en toda la sociedad: las mujeres estamos empezando a ocupar roles que hasta ahora eran exclusivos de hombres.
En el caso de Urgell-Penedo-Urgell hoy, y en referencia a las mujeres en lugares de poder, hay una arquitecta asociada, Andrea López, y está Elisa Alurralde como apoderada. Y también somos muchas arquitectas en la segunda línea de trabajo, que desarrollamos los proyectos y llevamos adelante las obras, con grandes responsabilidades a cargo, entre las que estamos Verena Schifman, Valeria Lafon, Tamara Orman, Débora Bellagio y yo. Y muchas arquitectas más que forman parte de equipos mixtos.

¿Qué sucede con la distribución de tareas entre varones y mujeres en los equipos? 

Creo que es indistinta mientras se está en la etapa de desarrollo de los proyectos. Pero no es lo mismo en etapa de obra, porque la figura de director de obra, por cuestiones de roles asignados según su lugar en el estudio y por mayoría, siempre la ocupa un hombre.
El ámbito de la obra sigue siendo de hombres y, aunque las mujeres estemos ocupando roles, no logramos todavía la valoración necesaria. De hecho, nosotras desarrollamos todo tipo de roles, lo que sucede es que no siempre se legitiman. Por cuestiones culturales, todavía está muy arraigada la idea de una organización verticalista y muchas veces machista.
Desde mi perspectiva, creo que las mujeres trabajamos mejor en equipo que solas. Y que nos preocupamos por «el equipo» como una unidad. Eso es muy bueno porque da a cada quien un rol, una entidad.

¿Siempre fue igual o evolucionó?

No sé si siempre fue igual, supongo que cada nuevo equipo debe arrancar de cero para lograr el objetivo que es llevar adelante un trabajo. Y, en eso, vale mucho no perder de vista esa prioridad que es el proyecto o la obra, según el caso, y no lo individual. 

¿Cuáles son los beneficios de trabajar en un estudio grande? 

Formar parte de un estudio grande tiene la ventaja no sólo de poder acceder a proyectos de mayor complejidad que los que quizás se pudiesen desarrollar en estudios chicos, sino también de tener clientes de diferentes perfiles, con necesidades diferentes. Si a eso se le suma la trayectoria del estudio, se puede contar con un abanico muy amplio de arquitectura desarrollada.

¿Y cuáles son las contras?

No sé si es una contra, es una característica por lo mismo que dije antes: por la escala de los trabajos no podemos abarcar todos los aspectos que implica el proyecto porque, necesariamente, debe haber roles precisos asignados. Eso, a veces, limita la participación en determinados temas que pueden resultar más interesantes o más acordes de acuerdo a cada perfil.