Cultivar el cobijo: micomateriales para el hábitat social
Natalia Fernández Molina
Hacia una arquitectura de la finitud
La modernidad arquitectónica se erigió sobre la premisa de considerar el edificio como una "máquina de habitar", como un artefacto impuesto sobre el territorio a partir de la razón instrumental[1]. En este gesto, la materia fue reducida a recurso sin vida, a un inventario de materias primas como suministros extraídos, fabricados y enmarcados en el modelo económico lineal. Sin embargo, el devenir del siglo XXI y la urgencia de las crisis climáticas, sociales y económicas en el momento del Antropoceno —Capitaloceno[2]— nos devuelven una imagen fracturada de esa promesa de modernidad. Hoy, la práctica de la arquitectura, incluyendo las materialidades que aloja, tiene la oportunidad de transformarse en una sutura hacia modelos circulares y regenerativos[3].
En ese sentido, desde mi práctica de investigación propongo desplazar la mirada desde la fabricación inerte hacia la observación de modelos biológicos, para la elaboración de nuevas materialidades biobasadas y biodegradables. En este contexto, la biofabricación surge como una alternativa frente a la dependencia de los recursos fósiles para la producción de materiales sintéticos utilizados en la construcción, como por ejemplo las espumas de poliuretano, el poliestireno expandido o la lana de vidrio. El micelio fúngico —esa red de hifas diminutas que sostienen la vida de los ecosistemas y conforman una trama que aglutina los suelos— puede contener en sus formas de crecimiento, que digiere residuos orgánicos y actúa como un “pegamento biológico”, la promesa de una tecnología capaz de generar una arquitectura de la finitud, en donde la fabricación de materias para la construcción puede situarse en un modelo de ciclo cerrado (figura 1).

Figura 1. Procedimiento de biofabricación: 1. Aislar la cepa fúngica, 2. Triturar sustratos, 3. Esterilizar sustratos, 4. Moldear, 5. Incubar, 6. Desmoldar, 7. Deshidratar, 8. Incorporar al sistema constructivo, 9. Demoler, 10. Compostar. Fuente: Elaboración propia.
Para el estudio y desarrollo de materiales biocompuestos en CEVE →, hemos utilizado residuos orgánicos disponibles en el medio local en combinación con hongos filamentosos, como motor para la propuesta de revalorizar residuos de la franja orgánica como recursos o materias primas. Una premisa para este desarrollo fue la de incorporar estos insumos provenientes de recuperadores urbanos en la producción (o cultivo) de estos materiales biológicos.
En esta línea de investigación, nos dedicamos, en principio, a estudiar las formulaciones de residuos lignocelulósicos diversos, que actúan como sustratos para el crecimiento fúngico, en combinación con diferentes cepas de micelio de hongos degradadores de madera, denominados también de pudrición blanca. Luego de identificar las mejores mezclas de sustratos y cepas, hemos caracterizado las propiedades físicas, químicas y mecánicas, y continuamos trabajando en el mejoramiento de procedimientos de biofabricación para la obtención de un biocompuesto que pueda resultar aislante térmico ecológico, con aplicaciones específicas para el hábitat. Estos materiales biocompuestos, con formas de paneles obtenidos por moldeo, dan como resultado un componente no portante, que puede incluirse en el interior de sistemas de construcción por vía seca, como por ejemplo wood frame y steel frame.
El procedimiento de biofabricación está comprendido, entonces, desde el cultivo hasta su reintegración a la tierra al final de su vida útil (figura 2). Es, en definitiva, una invitación a trabajar con otros, evitando la arquitectura por y para arquitectos, ya que la complejidad en el desarrollo de nuevas materialidades biológicas necesita, interdependientemente, del trabajo transdisciplinario con biólogos, biotecnólogos, micólogos, químicos y diseñadores, en diálogo con los usuarios de las viviendas, además de solo arquitectos.

Figura 2. Diagrama de flujo en la obtención de biomateriales. Fuente: Elaboración propia.
Materiales biohíbridos y el proceso de certificación
Trabajar con materia viva implica una negociación constante con la incertidumbre. Cuando en 2019 nace esta línea de investigación en el marco de una tesis doctoral, ya existía un nutrido estado del arte de la micología aplicada a la biofabricación de materiales, principalmente en el seno de las artes visuales. Estas primeras experiencias se fueron extendiendo hacia el desarrollo de bioproductos y la programación específica del micelio y otros microorganismos para diversas aplicaciones. En el camino hacia la validación de estos nuevos materiales, específicamente en el campo de la construcción y la arquitectura, el desafío ha sido traducir el lenguaje biológico al lenguaje normativo de la ingeniería. Durante la primera fase experimental de investigación (2019-2024), sometimos especies comestibles y medicinales degradadoras de la madera a las normas de los estándares constructivos y de materiales afines, analizando densidades, contracción por secado, resistencia mecánica y caracterización térmica y de comportamiento frente al fuego y en presencia de agua.
Uno de los hallazgos más potentes reside en la resistencia al fuego[4]. Ante la llama directa, el micelio no combustiona de manera voraz; genera una capa de carbonización superficial que protege su núcleo, actuando como un escudo térmico natural (figura 3).

Figura 3. Biocompuesto de micelio y cartón reciclado luego de haber sido ensayado al fuego bajo el método del filamento incandescente. Fuente: Elaboración propia.
En cuanto a su capacidad de aislación, los resultados de conductividad térmica son alentadores: si bien el micomaterial presenta una resistencia comparativamente menor al poliestireno expandido (EPS) y una densidad mayor, los valores de conductividad térmica se sitúan en un rango de alta competitividad técnica, similar a la de algunas espumas poliuretánicas y cercanas a la lana de vidrio. Una propiedad para seguir trabajando es la de la absorción de agua. Si bien el micelio en sí mismo es hidrofóbico (por la presencia de la hidrofobina), al trabajar en matrices biocompuestas, esta propiedad se debilita debido a la presencia de celulosa y lignocelulosa. Esta validación demuestra que es posible alcanzar estándares de confort térmico industrial mediante el cultivo de biocompuesto como micelio en combinación con residuos lignocelulósicos locales, siempre y cuando se lo aplique en condiciones de estanqueidad (figura 4). Actualmente, se está tramitando el Certificado de Aptitud Técnica del Material para avanzar en el proceso de validación.

Figura 4. Panel de micelio biofabricado en CEVE AVE-CONICET. Fuente: Elaboración propia.
Micomateriales con propiedades beneficiosas desde el punto de vista de la salud
Un eje disruptivo de esta investigación es la incorporación de residuos citrícolas (naranja y limón) en la investigación como parte de la formulación de los sustratos. Esta estrategia de economía circular no solo optimiza la gestión de desechos regionales de la industria de jugos, sino que dota al material de propiedades de biorepelencia frente a insectos específicos que afectan la salud humana. En el año 2021, se comenzó un trabajo colaborativo con la Dra. Basso (IMBiV-CONICET), para comprobar si las cáscaras eran, además de buen alimento para el micelio, poco deseables para insectos como los gorgojos (S. zeamais) y las vinchucas (T. infestans). Los ensayos realizados con cítricos residuales demostraron una respuesta comportamental efectiva frente a insectos como la vinchuca (T. infestans), vector del Chagas. Estos descubrimientos dieron como resultado la presentación de una patente de invención (N° AR128924A1) ante el INPI (Instituto Nacional de Propiedad Intelectual) para la fabricación de un material repelente de insectos. Aquí, la biofabricación trasciende la eficiencia energética para convertirse en una herramienta de salud pública, y en motivo de vinculación entre cuatro institutos que trabajaron mancomunadamente para el desarrollo. El material ya no es solo un aislante; es un agente activo que mejora la salubridad de las construcciones, con énfasis en regiones vulnerables.
El desafío actual del cambio de escala: el BioPanel
El paso de la escala de laboratorio a la escala de producción industrial se materializa en el diseño del BioPanel (figura 5). Este componente constructivo, pensado en configuraciones multicapa para paredes y techos, es el resultado de un diálogo transdisciplinar entre la arquitectura, el diseño, la química y la biología.

Figura 5. BioPanel. Exhibición en 18.ª edición de la Feria de Innovaciones INNOVAR, 2023. Fuente: Elaboración propia.
Hacia una nueva cultura material
Si aceptamos que la arquitectura puede ser un organismo, aceptamos también su interdependencia. La biofabricación, en el contexto argentino, es una apuesta política y poética. Al utilizar residuos lignocelulósicos locales y procesos de bajo consumo energético, el BioPanel se presenta como una respuesta concreta al déficit habitacional desde una lógica multiespecie. No proyectamos formas; proyectamos entornos de crecimiento que integran la biodiversidad en la envolvente arquitectónica. Es la búsqueda de un cobijo que no deje cicatrices geológicas, sino rastros de vida. Construir, hoy más que nunca, debe ser un acto reparatorio: una arquitectura que no solo ocupe el espacio, sino que aprenda a convivir, a respirar y, finalmente, a retornar a la tierra.
[1] Pinilla, R. (2005). Vivienda, casa, hogar: Las contribuciones de la filosofía al problema del habitar. Documentación social, 138, 13-40.
[2] Ulloa, A. (2017). Dinámicas ambientales y extractivas en el siglo XXI: ¿Es la época del Antropoceno o del Capitaloceno en Latinoamérica? Desacatos, (54), 58-73.
[3] Fernández N. (2024) Architectures of finitude: New biomaterial practices from an ecofeminist perspective. SAP Proceedings in Interdisciplinary Insights and Innovations, 2, p. 290. Disponible aquí
[4] Jones, M., Bhat, T., Kandare, E., Thomas, A., Joseph, P., Dekiwadia, C., ... & Wang, C. H. (2018). Thermal degradation and fire properties of fungal mycelium and mycelium-biomass composite materials. Scientific reports, 8(1), 17583.