Construcción regenerativa

Carolina Pérez Taboada

jueves, 25 de junio de 2026  |   

Materiales biobasados, enfoque en la salud y la hipótesis de organización en red.


Resumen
La autora desarrolló en Argentina un sistema constructivo que utiliza el rastrojo de cereal como materia prima, fundando la Red BioSIP. A partir de esta experiencia, reflexiona sobre el lugar que tienen los biomateriales en nuestra industria, su futuro y mejores prácticas de producción, y observa que las principales barreras para el desarrollo no son técnicas, sino culturales, normativas y económicas.

La arquitectura moderna consolidó una relación particular con la materia: buscó estabilizarla, controlarla, independizarla de los ciclos naturales. Hormigón, acero y polímeros sintéticos permitieron construir con precisión, repetir soluciones y reducir incertidumbres. En ese proceso, la materia viva —orgánica, variable, situada— fue quedando al margen del campo constructivo. La naturaleza pasó a ocupar el lugar de recurso, paisaje o incluso amenaza a domesticar.

Ese paradigma produjo avances técnicos indiscutibles, pero también configuró una industria intensiva en energía, dependiente de recursos finitos y generadora de residuos persistentes. En el contexto actual, atravesado por la crisis climática y por nuevas agendas vinculadas a la salud y la calidad de vida , esa forma de construir empieza a ser revisada desde múltiples frentes. 

Una de esas revisiones la llevamos adelante a través de la Red BioSIP [1], un sistema constructivo prefabricado de rastrojo de cereal y madera que está basado en una red de producción descentralizada. Más que una solución cerrada, proponemos ampliar el campo de experimentación: reflexionamos sobre cómo integrar biomateriales en sistemas constructivos contemporáneos, con niveles exigentes de desempeño técnico, y cómo organizar su producción de manera que esa integración resulte viable, replicable y situada.


Fabricación y acopio de paneles en fábrica de Minka Habitat, Chapadmalal, Mar del Plata. Foto de la autora

La construcción frente a sus propios límites
El sector de la construcción concentra una proporción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, al mismo tiempo que demanda grandes volúmenes de recursos y produce residuos de difícil reintegración (PNUMA →, 2022). La agenda de sostenibilidad avanzó con fuerza en la reducción del consumo energético durante el uso de los edificios; pero ahora el impacto de los materiales y su obtención empieza a ocupar un lugar central. 

El carbono incorporado en los procesos de extracción, transformación y transporte tiene un peso creciente en el balance ambiental. Muchas soluciones de alta eficiencia energética se apoyan en materiales cuya fabricación implica altas emisiones o el uso de sustancias con efectos adversos sobre la salud. 

Los biomateriales introducen otra lógica: forman parte de ciclos biológicos recientes, almacenan carbono durante su crecimiento y pueden reintegrarse a esos ciclos al final de su vida útil; además, permiten trabajar con recursos locales. En ese marco, la envolvente de un edificio deja de ser únicamente una barrera física entre el exterior y el interior para convertirse también en un dispositivo ambiental.

El rastrojo como materia constructiva
Luego de la cosecha, la máquina que levanta el cereal (trigo, cebada, arroz, según disponibilidad local) deja en el suelo el rastrojo, que es un tallo vacío. En muchos países, ese material se transforma en un problema a resolver: se quema, se retira o se acumula en forma de fardos o rollos. Pero las condiciones del agro argentino introducen particularidades que hacen que la situación sea distinta. 

En primer lugar, la fertilidad del suelo argentino permite la práctica extendida de la “siembra directa”, que utiliza el rastrojo como cobertura del suelo, cumpliendo funciones agronómicas fundamentales; y, por lo tanto, en estas situaciones no se recoge ni se enrolla en fardos. El rastrojo de cereal no aparece entonces como residuo, como en otros países, sino como parte de un sistema productivo [2].

Por otra parte, la escala de los campos argentinos y su lógica productiva hacen que el rastrojo se recolecte en forma de rollos, no de fardos prismáticos. Además, su disponibilidad es estacional y depende de decisiones que no están vinculadas a la construcción, lo que impacta en la estabilidad del suministro.

Sin embargo, y a pesar de estas dificultades para su utilización en Argentina, el rastrojo de cereal presenta propiedades muy destacadas como material constructivo: buen desempeño térmico y acústico, capacidad de regulación higroscópica y resistencia al fuego asociada a su contenido de sílice, que además, al ser compactado, pierde el oxígeno circulante. A estas características se suma su condición de material no tóxico, impactando positivamente en la salud de quienes construyen y quienes habitan los espacios construidos, además de simplificar la gestión al final de su vida útil. Por último, la utilización del rastrojo en la construcción permite mantener el carbono secuestrado en la biomasa fuera de la atmósfera [3].


Obra a construir con paneles BioSIP en Merlo, San Luis. Proyecto Arq. Nuria Pecorari

Adaptar en lugar de replicar
El sistema de paneles de rastrojo de cereal comprimido que se desarrolla en la Red BioSIP tiene su origen en Europa, donde se realiza a partir de fardos prismáticos. Su lógica constructiva está relacionada con esa forma de recolección del rastrojo: es de módulos de aproximadamente 1,2 × 2,4 metros, con espesores de 30 a 35 cm, que combinan capacidad estructural y aislamiento. 

Pero si se intenta trasladar ese mismo sistema al contexto argentino, aparecen una serie de desajustes:

  • El primero tiene que ver con el insumo. En Argentina, la disponibilidad de rastrojo de cereal en fardos es limitada, estacional y costosa. El rastrojo en sí existe en grandes volúmenes, pero se encuentra en forma de rollos, y eso requiere otra lógica de procesamiento.
  • El segundo está vinculado al espesor. Los paneles europeos, de 30-35 cm de espesor, pueden ofrecer un nivel de aislamiento elevado, pero supera ampliamente los requerimientos de gran parte del territorio argentino. Ese sobredimensionamiento impacta en la cantidad de material, en el tamaño de las fundaciones, en la cubierta y en la superficie útil en relación a la construida, con consecuencias directas sobre el costo.
  • El tercer desajuste es estructural. La modulación en el sistema europeo, derivada del tamaño de los fardos, conduce a la utilización de dobles montantes de 2x4. Al colocar un panel a continuación de otro, se generan 2 columnas de 4x4 cada 1,2 metros, capaces de soportar edificaciones de varias plantas, aunque la mayoría de las obras se resuelven en una o dos. 
  • El cuarto es operativo. Un panel de esas dimensiones puede pesar entre 150 y 200 kg. Su manipulación requiere dispositivos auxiliares o maquinaria, lo que introduce complejidad y costos adicionales en obra.

Estas condiciones hacían que la transferencia directa del sistema europeo resultara poco eficiente en términos económicos y difícil de escalar. El desarrollo del sistema BioSIP partió de estas restricciones, adaptando el sistema a las condiciones en Argentina:

  • La dificultad respecto del insumo se resolvió trabajando con rastrojo suelto proveniente de rollos [4], lo que implicó el diseño de una máquina específica capaz de precomprimir el material que irá dentro del panel.
  • La segunda decisión para adaptar el sistema fue redefinir las dimensiones finales del panel. Para hacer el sistema compatible con modulaciones habituales en construcción, el panel adoptó una medida de 244 × 40 × 20 cm. Este formato reduce el espesor del muro a un nivel acorde a las condiciones bioclimáticas locales, optimizando el uso de material y la superficie útil de la edificación construida, y el transporte, manipulación y montaje durante la construcción.
  • La tercera adaptación del sistema fue ajustar la estructura portante: Se diseñaron laterales de contrachapado fenólico que permiten configurar una estructura suficiente para edificaciones de dos plantas, con posibilidad de refuerzo en casos específicos, evitando sobredimensionamientos innecesarios.
  • Por último, la cuarta decisión se enfocó en la reducción del peso del panel. Se logró un peso de 35 kg por panel, permitiendo que la manipulación pueda resolverse cómodamente entre dos personas, simplificando la logística y el montaje.

Estas adaptaciones no modifican la lógica del sistema, sino que la hacen compatible con el contexto en el que se inserta. El resultado es un sistema prefabricado que articula desempeño, viabilidad productiva y condiciones locales.

Proceso constructivo de showroom de Minka Habitat. Proyecto Arq. Nadia Rossi. Chapadmalal, Mar del Plata.

Foco en la salud
El vínculo entre arquitectura y salud → está adquiriendo una centralidad creciente en el debate público. Específicamente, en relación a la calidad del aire interior, la regulación térmica y la humedad ambiental, que influyen de manera directa en la vida cotidiana.

Los materiales participan activamente en estas condiciones. Adhesivos, espumas sintéticas y pinturas pueden emitir compuestos que afectan la calidad del aire interior. La estanqueidad mal resuelta puede favorecer condensaciones y la aparición de moho (Organización Mundial de la Salud, 2009 y 2010). Y la regulación térmica está directamente relacionada con el tipo de material que se utilice.

Los biomateriales introducen otro tipo de comportamiento. La capacidad de regular la humedad contribuye a mantener condiciones interiores más estables; y la baja emisión de compuestos tóxicos mejora la calidad del aire. Además, la combinación de aislamiento e inercia térmica permite reducir las oscilaciones de temperatura.

A estas variables se suma una dimensión perceptiva. La presencia de materiales naturales —su textura, su olor, su temperatura— forma parte de la experiencia del espacio. Los genes de miles de años de evolución de la especie recuerdan que estos materiales están asociados al bienestar. Esa relación sensorial con el entorno, conocida como biofilia →, incide en el bienestar de quienes lo habitan (Rogers, 2026).

La arquitectura configura, en este sentido, condiciones de salud. La materialidad deja de ser una decisión neutra para transformarse en un componente activo del ambiente interior.

Barreras no tecnológicas
El desarrollo de sistemas constructivos con biomateriales no encuentra su principal límite en la tecnología. Las restricciones más relevantes aparecen en otros planos: culturales, normativos y económicos.

En el plano sociocultural, las percepciones tienen un peso determinante. Los materiales naturales suelen asociarse a precariedad o a soluciones transitorias, una imagen reforzada por su uso en contextos informales. Esta asociación persiste incluso cuando existen desarrollos técnicos capaces de garantizar altos niveles de desempeño.

A esto se suma la falta de conocimiento técnico y de formación específica. La escasa familiaridad de profesionales y constructores con estos sistemas limita su incorporación en proyectos contemporáneos.

En el plano normativo, el problema adopta otra forma. Los marcos regulatorios definen qué materiales pueden utilizarse, bajo qué condiciones y con qué procedimientos de validación. En Argentina, los reglamentos contemplan con detalle los sistemas convencionales, mientras que los materiales naturales carecen, en muchos casos, de normativas específicas.

Los sistemas de evaluación también presentan desajustes. Los ensayos disponibles suelen estar diseñados para materiales convencionales y no contemplan propiedades relevantes de los biomateriales, como su comportamiento higrotérmico o su aporte a la calidad ambiental interior.

En el plano económico, las condiciones de mercado favorecen a los materiales con cadenas productivas consolidadas. La construcción en Argentina se mide a partir de insumos como el cemento, el acero o los cerámicos, que estructuran indicadores y decisiones de inversión.

Los biomateriales se insertan en ese escenario con desventajas estructurales: menor escala, menor acceso a financiamiento y menor desarrollo de mercado. A esto se suma la falta de incentivos para modificar comportamientos y la escasa articulación entre actores de la cadena de valor, identificadas como barreras centrales en la transición hacia economías biobasadas.

Estas barreras no operan de manera aislada. Se refuerzan entre sí, configurando un entorno donde la adopción de nuevos sistemas requiere intervenciones simultáneas en múltiples niveles.

Una hipótesis organizativa
Este escenario de dificultades nos llevó a desarrollar una forma de abordar las barreras desde la organización de la producción.

La lógica de la red se basa en la creación de nodos locales: unidades productivas que fabrican paneles en su territorio, utilizando recursos disponibles y articulando con actores cercanos. Este enfoque permite reducir distancias, adaptar procesos y fortalecer economías regionales.

Así, la red funciona como un sistema de intercambio y aprendizaje. Los desarrollos técnicos, las mejoras en procesos y los resultados de ensayos se comparten entre nodos, generando una base de conocimiento colectivo.

Este esquema introduce una forma distribuida de innovación. Cada nodo opera en condiciones específicas, lo que permite probar soluciones en distintos contextos y retroalimentar al conjunto.
La red incorpora también herramientas de documentación, protocolos y acompañamiento técnico. Estas dimensiones resultan clave para consolidar estándares de calidad y facilitar la incorporación de los sistemas en proyectos de mayor escala.

Escala, política y oportunidad
La incorporación de biomateriales en la construcción a gran escala requiere marcos institucionales que acompañen su desarrollo. Experiencias internacionales muestran la viabilidad de estos sistemas en distintos tipos de edificaciones: viviendas unifamiliares, multifamiliares, escuelas, oficinas, edificios de uso público y edificios productivos.

Argentina presenta condiciones particulares: disponibilidad de recursos, capacidad productiva y una demanda habitacional significativa. La articulación entre políticas públicas, desarrollo productivo y criterios ambientales puede abrir un campo de acción relevante.

La producción local de materiales, combinada con sistemas constructivos eficientes, permite abordar simultáneamente cuestiones ambientales, económicas y sociales. La reducción de emisiones, la generación de empleo y la mejora de la calidad habitacional forman parte de un mismo proceso.

Materia, técnica y territorio
El uso de biomateriales reconfigura la relación entre arquitectura, técnica y territorio. La prefabricación con materiales de origen biológico combina procesos industriales con materias que conservan su vínculo con los ciclos naturales.

Esa combinación requiere nuevas herramientas, nuevos procesos y nuevas formas de organización. También habilita la posibilidad de construir con recursos disponibles, integrando la arquitectura a sistemas productivos más amplios.

La elección de materiales y sistemas constructivos participa en la definición de modelos de desarrollo. Construir con lo que la tierra da implica trabajar con esos ciclos, incorporando sus tiempos, sus propiedades y sus límites.

En ese cruce se abre un campo de exploración donde la arquitectura puede ampliar su alcance: desde la resolución técnica de un edificio hacia la configuración de entornos más equilibrados, tanto en términos ambientales como en relación con la salud y el territorio.

Hacia un nuevo sistema
Como especie humana, nos encontramos en un momento crítico donde resulta fundamental desarrollar modelos y procesos que integren los principios de la regeneración en nuestra forma de producir y de consumir bienes y servicios. En este contexto, la prefabricación con materiales naturales tiene un potencial enorme al lograr:

  • Desarrollar construcciones que funcionan como sumideros de carbono, y de esa manera aporten a la calidad del aire, del suelo y del agua.
  • Interpretar los límites ecosistémicos y los ciclos de la naturaleza como fuente de inspiración para desarrollar propuestas creativas.
  • Priorizar el desarrollo de soluciones locales que tomen en cuenta las particularidades de cada región.
  • Promover la colaboración para potenciar el aprendizaje del conjunto y afianzar la resiliencia de la red.

La expansión permanente en la cantidad y calidad de proyectos en diversos países basados en sistemas constructivos prefabricados con materiales naturales nos demuestra que este proceso ya está en marcha, y que este sector ya tiene peso e identidad propia. Es un nuevo sistema que suma adeptos cada día a partir de la evolución en nuestra capacidad de reconocernos como parte de la naturaleza.

Entusiasma desarrollar proyectos que permitan proyectar un futuro donde la forma “convencional” de construir esté basada en materiales naturales combinados con sistemas constructivos robustos. 


[1] El trabajo desarrollado en la Red BioSIP proviene del proyecto La tercera piel.
[2] Existen algunos casos particulares en que, por decisiones productivas específicas, el rastrojo no se reincorpora al suelo, como ser la siembra de semillas muy finas (por ejemplo, trébol) que no pueda realizarse mediante siembra directa, o la reserva del rastrojo como fibra para complemento de la dieta del ganado.  
[3] Las plantas almacenan en su estructura física (rastrojo) el dióxido de carbono que absorbieron de la atmósfera durante su crecimiento. Al usar rastrojo compactado, el carbono queda retenido de forma sólida dentro de la construcción, evitando que se libere al aire por quema o descomposición agrícola.
[4] El rastrojo utilizado en BioSIP es de trigo de campos vecinos. Se traslada y acopia en formato de bobina (rollo). Luego, se pone suelto dentro de una máquina de compresión. Así, el recorrido del origen a la fábrica no supera los 150 km de distancia.


Referencias
EOS Data Analytics (8 de agosto de 2024). Secuestro de carbono: Rol e impacto medioambiental. EOSDA Blog. eos.com

Organización Mundial de la Salud. (2009). WHO guidelines for indoor air quality: dampness and mould. Oficina Regional para Europa de la OMS. Link

Organización Mundial de la Salud. (2010). WHO guidelines for indoor air quality: selected pollutants. Oficina Regional para Europa de la OMS. Link

Rogers, K. (2026, 8 de abril). Biophilia hypothesis. En Encyclopedia Britannica

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA] (2022). Informe sobre la situación mundial de los edificios y la construcción en 2022. Link

Notas Relacionadas

Descubrí otros artículos relacionados: